Sesión Segunda _ Javier Turnes

Hoxe, é a última xornada que lle dedicaremos a esta Introducción a Guerra Civil.

Despois destas catro sesións, espero que me sirvan -e vos sirvan- para non ser os decadentes ós que todo nos fire, que soportamos dosis de verdade cada vez mais reducidas e preferimos antídotos a raudales de felicidade, de sensacións coñecidas, necesitando que Un nos diga o que somos e o que queremos ser; senón desexar chegar a ser nós, sen acomodarnos a ningún tipo de confort, facendo ó noso modo un proxecto de resistencia a través de experiencia. Aceptando ou non as propostas deste Partido Imaxinario.

E hoxe para pensar e correr o risco de equivocarnos temos a Javi Turnes, xa coñecido por todos, mestre de filosofía e, xunto con Serxio, o encargado de realizar estas xuntanzas, polas que cabería darlles as grazas. El tentará amosarnos o percorrido e aportarnos o seu punto de vista sobre estes suxeitos anonónimos.

Vanessa Toba

La insurrección que llega

La insurrección que llega no deja de aclarar hacia dónde van –o iban- Coupat y sus amigos. El libro presenta una descripción despiadada de nuestra democracia real, nuestra civilizada neutralidad. Particularmente, el “Círculo” dedicado a la ecología resulta demoledor, asombroso por su coraje y lucidez.

En general, todas las partes rozan un aceramiento crítico extraño, como de otro mundo. Los problemas vienen, probablemente, en la parte final del libro dedicado a las propuestas, a “cómo hacer”, digamos. Ahí el texto naufraga, roza lo pueril aquí, lo sectario-iluminado allá… entrando en dimensiones jurídico-penales preocupantes, tanto en Francia como en China.

Es como si no les quedase ya ninguna relación nietzscheana con el reposo, con el anonimato, con la inacción, con esa revolución del simple estar-ahí de las cosas. Inmediatez existencial que, desde el Bloom, utilizan bien como referencia de fondo para el análisis, pero que no quieren “sustantivar” filosóficamente después –como sí hacen Agamben, Baudrillard y Deleuze, de tres maneras distintas-, por eso pasan a esa forzada sustantivización histórico-política. En este aspecto, a pesar de lo soberbio del análisis –o justamente por él- queda mucha vida fuera, que diría Marcos Lorenzo. O simplemente la Vida. Es como si el hegelianismo furioso de los libros anteriores ganase finalmente la partida y ellos quedasen sin ninguna Serenidad, ninguna fe en el milagro de la singularidad, ninguna ironía socrático-estoica para una vida que ya es épica e “insurreccional” sin necesidad de ninguna revolución que tome una forma visiblemente histórica.

¿Lo cómico-grupuscular ha triunfado también a través de ellos? Acaso son “asquerosamente occidentales”.

Pero el libro es alucinógeno, absolutamente iluminador en lo que tiene de visión desesperanzada, de travelling tragicómico por nuestra era. Aunque después “no se pudiera hacer nada”, después de ese barrido de cámara el mundo ya no es el mismo, nunca será el mismo, y nosotros tampoco. Pero, ¿alguna vez el mundo fue el mismo, nosotros fuimos los mismos?

En fin, todo esto, y más cosas, es lo que se podría discutir algún día, alguna noche de verano. ¿No es eso? Hablamos pronto del cómo.

Ignacio Castro Rey

Sesión primeira _ Marcos Lorenzo

O antropólogo Marcos Lorenzo foi encargado de presentar a súa visión e para dar paso a un debate creativo e destrutivo por igual. Unha das ideas que estiveron máis presentes na xornada foi a falta de implicación social e a lonxanía do colectivo Tiqqun, que fica nas alturas intelectuais e se olvidan do traballo e campo.

Marcos Lorenzo comezou facendo unha lectura ó pé dos dous primeiros capítulos, ao tempo que botaba unha ollada paralela ao seu libro “Liquidación de existencias”. Precisamente atopaba moitas complicidades e diferencias entre ambos.

Marcos comezaba a charla recoñecendo que si, que efectivamente os Tiqqun achéganse ó seu discurso, que coinciden por exemplo na idea de que “todo está sometido á fluctuación”. Todo é efímero. Asi e todo, manifestou varias diferencias:

* Os Tiqqun forman parte da sociedade burguesa, sendo “uns nenos ricos” que tan só falan dun ámbito moi limitado da VIDA: o dos fillos intelectuais de intelectuais.

* Céntranse nunha parte reducida de occidente, deixando fóra un amplísimo espectro da existencia humana. Marcos considera necesario o análise dos chamados países subdesenvolvidos para que unha teoría así sexa completa. Esta carencia fai que descoñezan outras formas de vida diferentes e céntranse no seu embigo “posmoderno-parisino”.

* Para Marcos, máis alá de que fagan unha boa rapsodia de ideas críticas coa modernidade e o estado e a economía, esas ideas xa están en Nietzsche, Heidegger, Deleuze…

* Marcos considera que se lle pretenden facer unha enmenda á totalidade do sistema, iso require máis rigor conceptual e maior traballo de campo.

* Se din que a nosa existencia é soedade e exposición, Marcos cre que non se expoñen nada, que falan dende as alturas intelectuais e académicas, que falan para uns poucos e non para todos sen chegar realmente á sociedade.

* Con todo, Marcos non deixou de remarcar en ningún momento que se sinte próximo a eles en moitos eidos.

www.quepasanacosta.com

Sesión segunda _ Miguel A. Quintanar

Tiqqun_Sesión segunda_Miguel A.Quintanar

Publish at Scribd or explore others: corcubion tiqqun

Sesión primeira _ Ignacio Castro

Anotacións á primeira sesión de Tiqqun

Corcubión, 14 de marzo de 2009.

Ignacio Castro. Teoría del Bloom, I.

Son un bosque. Mutante, proliferante. Tienen la potencia de convertir el pensamiento en máquina de guerra. Son unos libros doctrinarios a pesar de su apariencia caótica. Depositando en un suelo muy simple la potencia del pensamiento. Una pasión por lo real, un poder de llamarnos a lo real que no es tan sólo -y ya- la pobreza del proletariado, sino a ese real que tiene que ver con la voluntad, con la pasión, con el coraje que ‘da forma a la propia existencia’. Lo real es la forma de vida, el convertir en bien lo que es el mal de tu singularidad.

Encontramos una doble pretensión, política y filosófica que consiste en empuñar la violencia que es vivir. Convertir la contingencia en necesidad. Una tarea primera que es igual a reapropiarse de la violencia de vivir.

En ese sentido son escritos para todos y para ninguno.

Son dos libros apocalípticos, implicados, manchados con el presente, con la necesidad del presente.

Afirman que estamos dirigidos por una superestructura metafísica –SE, UNO-, omnipresente por impersonal, que porta la oferta cultural, religiosa y metafísica de separarnos de nuestra propia existencia.

El bloom –Joyce- es un perfecto donnadie, un ninguneado por cualquiera. En virtud de su falta de potencia social para imponerse es aquel que recoge todo el temblor del universo. Todo atraviesa los ojos de Bloom. Todo atraviesa una existencia cualsea.

Cualsea: qué soy yo en ese umbral entre la noche y el día, en ese umbral en el que todavía no sé quien soy. En el que todavía no he hablado con nadie. El mutismo de la existencia antes de que se enganche a la oferta de consumo de esa misma existencia.

Entendemos el ‘bloom’ como la figura final de la metafísica occidental, metafísica por la que el ciudadando ha devenido consumidor. Sin sangre, sin potencia vital, sin el heroísmo de la decisión. El bloom es una palpitación sin pasión. Una Niebla que constituye el eje de la subjetividad.

Bloom es el hijo catastrófico de todo lo que la cultura occidental ha hecho: encarna el desencantamiento de la existencia individual.

Recordando a Bartleby, el blom es esa imagen, ese aspecto misterioso e indeterminable que ofrece la gente en el metro. Sin identidad. Sin historia. Sin humanidad.

Desde el espectáculo, el bloom es invitado constantemente a ser alguien.

Desde el biopoder, supone la constatación de la penetración nanotecnológica del poder occidental en la carne de los (in)dividuos. La condena a la marginalidad de la existencia de cada cual. Toda otra identidad es integrada al precio de perder la propia alma. El individuo ha devenido dividual. Ha perdido ya toda relación con su genius.

Stimung.- alusión a un tipo de orden donde ni el objeto ni el sujeto tienen identidad. El ser humano ha sido desarraigado y además se ha arraigado en la ausencia de lugar. El individuo se ha fundido con su propia alienación. Ya no se trata del malestar al que aludiría Freud. Se trata más bien de que como ya todos somos mutantes, no hay mutantes. Toda diferencia se convierte en una diferencia de consumo.

La subjetividad ha devenido una subjetividad preventiva. Se trata de adelantarse al acontecimiento para que ya no ocurra nada. La seguridad se vuelve obsesiva y conduce a un estado de flotamiento en una neutralidad esquizoide-operativa, requerida por lo social esquizoide. Recordamos el concepto de ‘flexibilidad cadavérica’ en Baudrillard. Un estado larvario que conduce a que nunca sabes muy bien con quien estás hablando hasta que ocurre algo.

Un egoísmo sin ego. Un narcisismo no pilotado por una imagen fuerte de sí mismo. Como si nuestra existencia fueran ya roles diversos que desarrollamos en franjas horarias. Pero entre esas franjas el individuo no existe. Ha conseguido no ser nada fuera del espectáculo de lo social. Turistas existenciales. Ya no tenemos experiencia sino ‘experiencias’. Pequeños traumatismos inasimilables frente a un perdido continuum vital.

El cómo hacer ante todo esto, vendría por un hacerse amigo de la violencia de la discontinuidad. Convertir en forma de vida aquello de lo que hemos sido desposeídos.

Tiqqun alude a ese bien que sólo se construye tragándose el mal –Zaratustra-. Una inversión mesiánica de la finitud que convierte en dios todo lo sombrío que hay en mí. O como diría Kierkegaard, vencer lo diabólico mediante una alianza con el príncipe de lo diabólico. Pactar con el abismo de vivir. Hacer de la contingencia necesidad. Tratar con la libertad que convierte en necesaria mi no elección.

Buscar una comunidad, un comunismo que se abre en cada caso cuando los seres humanos dejan de ser bloom por un instante. Desertar al interior.